Alejada de las luces mediatices, avanza la elaboración de una Estrategia Nacional de Minerales Críticos: el Ministerio de Minería, en conjunto con Hacienda, Economía y Relaciones Exteriores, abrirá próximamente la consulta pública digital de su anteproyecto, donde se presentarán los resultados del trabajo consultivo de diversos sectores políticos, sociales y técnicos. Como insumo para esta discusión, Espacio Público preparó el informe ‘Minerales Estratégicos en Chile’. La estrategia busca afianzar a nuestro país ante la creciente demanda de minerales para el desarrollo de tecnologías limpias Se estima que este consumo podría aumentar en más de seis veces para el año 2050, movilizando más de 400 mil millones de dólares.
La noción de minerales estratégicos y críticos no tiene una definición consensuada. Aún así, se suele proponer como ‘estratégicos’ a aquellos recursos esenciales para la seguridad y economía nacional; por ‘críticos’ se alude a su relevancia para la tecnología moderna y a los riesgos en su cadena de suministro Integrando ambas dimensiones, la estrategia propone tres categorías: minerales como litio y cobre, en los que Chile posee una alta participación en el suministro global; recursos como molibdeno o cobalto, donde nuestro país tiene participación relevante o potencial; y otros, como el antimonio y el hierro, que representan una oportunidad estratégica aunque aún existe poca información. Más allá de la sola explotación de recursos, esta política de Estado debe ser capaz de promover la agregación de valor no sólo ‘aguas abajo’, sino también a través de la innovación en procesos y servicios, así como del fortalecimiento del conocimiento geológico. Esta perspectiva ofrece oportunidades como el desarrollo de bienes públicos, capital humano y proveedores internacionales. A la vez, esta política debe establecer lineamientos para respetar el principio de justicia en la transición energética; implementar prácticas de sustentabilidad en la industria y reforzar las regula-dones, abordando pendientes históricos corno el fin de los pasivos ambientales y revertir la pérdida de biodiversidad. Igualmente, debe tener como punto de partida la transparencia y el respeto a los derechos humanos de las comunidades locales, especialmente de pueblos indígenas, para avanzar en su involucra-miento en la toma de decisiones.

