Benjamín García
Media:
La Segunda
Muchas razones explican la crisis que viven las democracias en el mundo. Una de las más relevantes es la pérdida de su capacidad para generar políticas que mejoren efectivamente la vida diaria de las personas. La parsimonia del trámite legislativo y los pesos y contrapesos propios de la democracia liberal terminan por exasperar a los ciudadanos y hacen atractivos los liderazgos populistas que ofrecen soluciones simplistas. Así, la defensa de la democracia pasa por mejorar su capacidad de responder a estas demandas cotidianas.
En Chile estamos al debe en la producción de esas reformas. El sistema político ha tendido a ‘acumular pendientes’, mostrando una incapacidad para procesar soluciones que se hagan cargo de los problemas. Es por ello que la aprobación de la reforma de pensiones fue una bocanada de aire fresco.
Por una parte, el sistema político encontró espacios de negociación y colaboración técnica que culminaron en un acuerdo transversal, en el que todos los sectores que participaron debieron ceder. Más importante aún, la reforma traerá beneficios tangibles a los jubilados de hoy y mañana, aportando a la legitimación de la política democrática como vía eficaz para resolver problemas sociales.
Sin embargo, no basta con la aprobación de la reforma. Con la publicación de una nueva ley el trabajo recién comienza. Ello es especialmente cierto en una reforma estructural como la previsional. La implementación compleja, de largo aliento, e incluye la instalación de una nueva institucionalidad en plazos ambiciosos. Para que ello ocurra exitosamente, es clave que exista un apoyo transversal al proceso de puesta en marcha.
En ese contexto, es lamentable el debate que ha abierto la propuesta ‘Chao Préstamo’ de José Antonio Kast, que busca reemplazar el mecanismo que incorporó la reforma para mejorar las pensiones actuales. Cabe recordar que este fue una manera de destrabar el acuerdo, que implicó la renuncia del oficialismo a establecer un fondo común y la opción por una solución que fuera aceptable para la oposición.
Evidentemente, ninguna reforma está escrita en piedra y es esperable que en el futuro se deban hacer ajustes para adaptar el sistema de pensiones a los nuevos desafíos que enfrente. Sin embargo, la propuesta del candidato Kast no apunta a hacerse cargo de problemas reales de la reforma ni beneficiará en la práctica a los jubilados, sino que parece fundarse únicamente en razones ideológicas. Frente a lo anterior, lo responsable en esta etapa es ir cerrando discusiones y centrar las energías en la implementación exitosa de la ley de pensiones. Abrir debates que no benefician a las personas ni aportan al éxito del nuevo sistema sólo genera incertidumbre y desvía la atención de los verdaderos desafíos.

