La tramitación de las medidas para mitigar el alza de los combustibles marcó el debut del nuevo Congreso. Si bien las propuestas del gobierno fueron aprobadas rápidamente, la deliberación dejó una seguidilla de episodios que evidencian el proceso de personalización de la política chilena.
Uno de ellos fue protagonizado por la senadora Daniella Cicardini (PS), quien emplazo directamente al ministro de Hacienda a renunciar a su cargo. Luego de que la senadora y presidenta del PS, Paulina Vodanovic, señalara que dicha opinión no representaba a la bancada, Cicardini sacó en cara su posición como la senadora socialista que más votos obtuvo en la última elección.
El intercambio es sintomático no sólo por lo inapropiada de la intervención de Cicardini, sino también por el tenor de su defensa frente a la autoridad partidaria. La senadora transmite la idea de que los votos obtenidos son patrimonio personal, desligados del partido en el que milita. Esta actitud ha sido incentivada por las reglas electorales vigentes, que privilegian el surgimiento de caudillos y se han traducido en una creciente falta de disciplina partidaria.
El personalismo no sólo tiene causas institucionales; también es motivado por las formas de comunicación imperantes. La lógica de las redes sociales y la influencia del “modelo Sin Filtros” han transformado la deliberación parlamentaria en una tribuna que algunos congresistas utilizan para hablarle a su núcleo electoral más duro.
Una muestra fue la intervención del diputado Francisco Orrego (RN), quien aprovechó el debate del proyecto de combustibles para desplegar un histriónico discurso en contra del anterior gobierno, incluyendo críticas personales al expresidente Boric y en abierta desobediencia a las instrucciones del presidente de la Cámara (lo que le valió una multa que difícilmente servirá de disuasivo).
Estas actitudes sólo profundizan la desconexión entre la ciudadanía y las instituciones que la representan. Al tiempo que la población experimenta dificultades concretas por el alza de los combustibles, presencia un debate político que premia las declaraciones frívolas y los shows mediáticos. Afortunadamente, aún existen liderazgos políticos que mantienen la altura de miras y la apertura al diálogo, que esperamos sean capaces de contener el creciente personalismo.

