Qué pueden hacer los videojuegos además de entretener

Los videojuegos hace tiempo que dejaron de ser solo una forma de pasar el rato. Se ha descubierto que pueden influir en la forma de pensar, en las emociones e incluso en los procesos sociales. En Ciudad de México se inauguró una exposición dedicada a cómo los videojuegos cambian nuestra percepción del mundo. Ya se había presentado en España y en Sinaloa. Ahora toca explicarlo todo de nuevo, pero desde otro ángulo.
Los organizadores quieren demostrar que incluso el jugador más común participa en la creación de la cultura. Y nos referimos a todo tipo de jugadores, desde los profesionales de los deportes electrónicos hasta los que se divierten con los juegos arcade. Es más, este tipo de juegos se ha vuelto muy popular. Un ejemplo de ello son los crash games y otros juegos de azar. Así lo afirman expertos que publican reseñas aquí sobre este tipo de títulos. No importa si alguien juega solo para relajarse o si busca algo más profundo. Lo que importa es cómo ese juego lo transforma.
A veces, un juego se convierte en un espejo que no todos están preparados para mirar. En España, por ejemplo, se aplica una metodología poco convencional: se invita a agresores a jugar como una niña. La idea es simple: sentir lo que es ser vulnerable. Así, la persona tiene la oportunidad de replantearse su conducta.
Hay otros casos. En el juego The Perfect Woman, el jugador crea un personaje tomando decisiones sobre educación, maternidad, trabajo. Cada decisión afecta el cuerpo del avatar y su camino de vida. Todo se basa en experiencias reales de mujeres, y muestra cuán profundamente influye el entorno social en una persona.
Cada vez más, los juegos se utilizan como herramientas de participación urbana. En España se propuso a adolescentes rediseñar espacios públicos —plazas, escuelas, parques infantiles— usando Minecraft. Los resultados fueron sorprendentemente precisos. Los proyectos incluso se enviaron a los ayuntamientos para estudiar cómo podrían aplicarse en el futuro.
Los organizadores creen que si desde la infancia se enseña a mejorar el entorno, eso se convierte en una norma. El niño ya no es solo espectador: es parte activa. El juego ayuda a pasar de las palabras a la acción, aunque sea en un espacio virtual.
Todavía hay quienes creen que los videojuegos afectan negativamente a la concentración y al rendimiento escolar. Pero los estudios dicen lo contrario. Mientras se juega, se activan áreas del cerebro responsables de la reacción, la lógica y la memoria. En la exposición incluso se mostraron modelos en 3D donde se ve qué zonas del cerebro se activan con más intensidad.
Los juegos no solo entrenan los dedos. Exigen interacción, toma de decisiones y planificación. Y esos son ya aprendizajes útiles fuera de la pantalla.
Durante la pandemia, el interés por los videojuegos creció un 5,2%. Actualmente, solo en México hay unos 75 millones de jugadores. El dispositivo más popular es el smartphone, elegido por el 75% de los usuarios. No hace falta joystick ni consola: todo cabe en el bolsillo.
Crear un juego no siempre lleva meses. Algunos proyectos se desarrollan en solo un par de días. Pero incluso esos pueden influir en la mente y en la cultura. Todo depende de la idea y de cómo se la trabaja.

