Matías Piña
Medio:
La Segunda
Tras las elecciones, y con el gobierno en los descuentos, se abre una última ventana de oportunidad para impulsar proyectos que han quedado en el tintero. Uno de ellos es la reclamada reforma al sistema político.
Su debate se ha visto desplazado tanto por el contexto electoral como por la movediza agenda pública. No es fácil que una discusión poco atractiva para la ciudadanía, y que genera posiciones contrapuestas al interior del mismo sistema, alcance la masa crítica y el nivel de acuerdo necesarios para materializarla.
Actualmente son dos lo sproyectos en trámite legislativo: uno ingresado por un grupo de senadores y que establece como principales medidas un umbral electoral y pérdida de escaño para quienes renuncien al partido por el cual fueron electos; y otro del gobierno, centrado en aumentar los requisitos para conformar partidos políticos y la cesación del cargo del representante por renuncia al comité parlamentario al que pertenece.
Más allá de los argumentos en favor o en contra de los mecanismos en tramitación, existe consenso sobre la necesidad de ajustes. Hoy el sistema presenta arreglos institucionales que incentivan el personalismo político (sistema electoral con listas abiertas, independientes en cupo de partidos, entre otros).
A ello se suma el fenómeno del “discolaje” (parlamentarios que actúan en contraposición a su partido o bancada) y un contexto de mediatización de la política que tiende a generar posiciones más polarizadas. Todos estos elementos interactúan y se potencian entre sí. Si bien es cierto que hay más partidos en el Congreso, también es evidente que cada vez es más difícil coordinar a los propios integrantes del partido, sea este uno tradicional o uno nuevo.
Como no existe “bala de plata” para subsanar los problemas de nuestro sistema político, es importante avanzar en aquellas medidas que, a priori, ayuden a mejorar la coordinación parlamentaria e incentiven un trabajo legislativo más cohesionado. Los elementos antes mencionados son más complejos de abordar, y requerirían de reformas más comprehensivas que las actualmente en tramitación.
El desafío de un Congreso atomizado, que ya han experimentado las últimas administraciones, también estará presente en el próximo gobierno. Tal vez en estos últimos minutos de partido se pueda concretar una reforma acotada que avance en esta dirección.
23 de enero de 2026
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